Bajo el peso brillante de mi tocado, estoy sintiendo que el mundo respira al ritmo de mis pasos y que la música vibra en mis huesos como si despertara unos sentimientos que, ocultos durante el año, duermen en mí.
Bailo sonriendo, porque cada destello de lentejuela es un latido que comparto con mis hermanas. En el aire se huele la magia de unos viejos secretos que estuvieran a punto de revelarse.
Mientras avanzamos, estoy notando que mis pies ya no tocan el suelo, sino que parecen flotar como plumas encendidas. La multitud nos aplaude, sin saber que algunas ya no estamos desfilando: estamos ascendiendo. Las compañeras nos miramos, y descubro que ellas también lo están sintiendo. Cuando por fin cruzamos el arco final del desfile, en la Plaza de la Corredera, hemos dejado de ser humanas y hemos vuelto a ser lo que siempre hemos sido: las guardianas de un carnaval eterno.
SONY, ILCE-7M2, FE 28-70mm F3.5-5.6 OSS, 70.0 mm, 7.1, 1/125, 200